Imagen
Revista Literaria de Puerto Rico
Revista Confederación Literaria de Puerto Rico
Enlaces
Reconocimiento a: Revista Confederación Literaria de Puerto Rico
Comentarios Literarios
Narrativa Contemporánea
Literatura de Suramerica
BANNERS o LINK de Nuestros Amigos del Mundo
Análisis Literarios y Poemas de Iván Segarra Báez
Casa de Cultura Fredo Arias de la Canal y Otras Páginas Web
Banner o Link de Nuestro Amigos del Mundo Cibernético
Enlaces nuevo
Literatura Europea
Manuel Ramos Otero: Poeta del Polvo Enamorado
Literatura Latinoamericana
Historia de la Literatura Puertorriqueña : La generación de los Escritores del 1970 y las décadas anteriores
Productos nuevo
Productos nuevo
Productos nuevo
Ante la luz de un amor prohibido
 
Revista Literaria de Puerto Rico
   
Imagen
Cuando muera el Papa Juan Pablo II
Cuando muera el Papa Juan Pablo II
por Iván Segarra Báez

“Cuando rezas observa un orden en tus peticiones: pide en primer lugar los bienes espirituales, el perdón de los pecados, la luz para conocer la voluntad de Dios, la fuerza para mantenerte en su gracia; después pide la salud física, la bendición sobre tu familia, el alejamiento de las desgracias y la seguridad en el trabajo....”
San Juan Bosco

Cuando muera el Papa Juan Pablo II un pedazo de Dios dejará la tierra. Cuando muera el Papa, algo dentro de la Santa Iglesia dejará de latir tan hondamente como esos miles de corazones de jóvenes que laten alrededor de la Plaza de San Pedro. La ardua agonía del Papa nos hace ver que la luz está temblando. El cordero de Dios se inclina sobre la iglesia católica del mundo. ¡Eh, salve, aleluya y “Jesus Jechona”! como decía Luis Palés Matos en sus cantos negros y mayombéricos del Caribe. Creo que el color negro es un manto enorme que arropa a todo el mundo. La noche se hace clara, el Papa muere lentamente y no se puede hacer nada por adelantar su dolor. A veces pienso que morirá durante el día, otras veces pienso que morirá en la noche, pero otras veces pienso que morirá con la llegada del “angelus”; de esa dolorosa mañana de primavera cuando las viudas, las monjas, las mujeres, los hombres y sobre todos los jóvenes estén cansados. El Papa reciste, el sol no sale, la luz se ha acostado sobre El Vaticano. Una ola de oraciones se extiende por todos los cinco continentes; entonces, reflexiono y pienso qué la película de “The Lion King” se cumplirá a cabalidad: “Todos estamos interconectados”. Surge de repente, de esa caja vieja de los recuerdos mis viejas creencias religiosas: iDios te salve María, Reina y Madre, Madre de Dios! Juan Pablo II se está despidiendo, no tengo que estar en Roma para ver la mano de Dios como se extiende sobre la cabeza de Juan Pablo. No sé cómo no lo puede ver usted, miré ese cielo negro que amanece claro y cómo esos miles de jóvenes cantan toda la noche como ruiseñores y como viejos coquíes invisibles. Anoche fue una noche sin luz, algo en el aire respira un soplo de vida que se apaga. Creo que anoche el Papa estuvo aquí en mi sueño. Esta manaña me he levantando con la luz de su rostro entre mi computador. Hace ya un mes, cuando surgió lo de su enfermedad, pensé que se moriría, pero no quise creer que era su voz sumbando en mi oído y qué era su espíritu el que se acercaba y me decía que se acercaba su final. Ahora, cuando solo faltan algunas horas para que el Papa Juan Pablo II muera, me doy cuenta que, era su espíritu, como el espíritu de mi madre que se acercaban a mí para decirme que se iba. Cuando murió mi madre, ella vino a mí y me lo dijo. Quién tenga alguna duda, vaya a dónde está mi hermana Marisol en San Juan de Puerto Rico y pregúntele. Ella y yo, vimos a nuestra madre, por última vez. Pues cuando murió mi madre, ella misma me lo dijo: “Ven a verme que me voy.” Y fuimos mi hermana y yo. Ahora es distinto, el Papa estuvo aquí antes de que yo me diera vuelta. Hace un mes que me dijo que se moriría y yo no le hice caso porque pensé que era una de mis alucinaciones nocturnas. Tal vez si lo hubiera dicho antes, me hubieran dicho blasfemo o incrédulo, qué se yo. Ahora sé qué, ninguna hoja se mueve, sin que Dios lo autorice. Ahora sé qué, el misterio de la vida descansa muy cerca del misterio de la muerte, que la vida y la muerte son una dolorosa plegaria que va resando silencionsamente en nuestras vidas y que todos somos una sola persona en Cristo, Dios, Yavé, Jehova, Alá o cómo deseemos llamarle. Ahora sé qué, todo descansa en la luz de una esperanza que no muere. Ahora conozco más a fondo y comprendo profundamente las palabras de su carta en 1994, cuando dijo aquello de: "La celebración del Año de la Familia me ofrece la grata oportunidad de llamar a la puerta de vuestros hogares, deseoso de saludaros con gran afecto y de acercarme a vosotros". (Una Carta especial del Papa Juan Pablo II a las Familias, 1994) Recuerdo que para el 28 de septiembre de 1960 publica “Amor y responsabilidad”, ¿qué tema?, la responsabilidad es de todos, pero especialmente de los padres que tienen hijos. Los hijos son una gran responsabilidad, son la prolongación de la raza humana y el futuro de cada nación. Cuántos hijos ha dejado el Señor Juan Pablo II, seguro que muchísimos dentro y fuera de la iglesia. La iglesia es una sola indistintamente de cómo la dividamos en la tierra. Todos los hombres creen en algo. Hay algo más allá de esa luz que es la incredulidad, todos los hombres algo de fe tenemos, no hay nadie ateo ni nadie completamente santo. Todos tenemos el velo del pecado dentro o fuera del cuerpo. El hombre es una prolongación de su propio rostro y dentro de él se gesta un duelo con la muerte. El hombre es santo y pecador a la misma vez, es el reflejo de un Dios vivo o muerto que cargamos muy dentro de nosotros mismos. Para creer solo tengo que pensar en Dios y, para no creer, solo tengo que mirar como la gente pierde la fe dentro de lo sagrado que es la vida misma. También creo que todas las religiones son una serie de dogmas basadas en los principios generales de la moral social de los pueblos; y que los hombres creen en las sectas, porque de no creer, el mundo se volvería un caos espantoso donde todos moriríamos sin ningún compromiso y amor por los otros. Creo que la muerte del Papa Juan Pablo II será una dolorosa unción de Dios en la tierra, porque el hombre es un animal que va perdiendo su devoción por un Dios desconocido y ardientemente conocido; sí, un Dios que todos conocemos y desconocemos, un Dios que nos dio el aliento pero a la misma vez nos dio el entendimiento justo y necesario para liberarnos de nosotros mismos y trasplantarnos al espíritu de los otros y volver a creer en Él, que es el “Aliento” de todos los alientos. Creo que hoy Dios nos mueve a la reflexión y citamos las palabras de San Agustín de Hipona: “Dios no encuentra sitio en nosotros para derramar Su Amor, porque estamos llenos de nosotros mismos”. Definitivamente, esta cita hay que reflexionarla porque estoy viendo desde aquí desde este momento que me ha tocado vivir, que el hombre cada día se vuelve más impersonal, más triste, más solo, solo piensa en sí mismo y, el adelanto científico, nos atrasa en generaciones enteras. Antes los jóvenes y los niños jugaban juntos; ahora los jóvenes y los niños juegan solos con los juegos cibernéticos, la solitaria de la computadora, entonces, dejamos de ser nosotros mismos para hacernos unos artificiales seres del mundo moderno. La familia ha perdido la gracia de cenar junta y esto nos lleva a perder el respeto en casa. La familia se empobrece, el joven se va de la casa, la oración de: “PADRE-HIJO-ESPÍRITU…” se ha quedado en la sacristía inmóvil del recuerdo pasado y el hombre vala como una toro acorralado ante un mundo imponente. El hombre vala como ese toro del Llanto por Ignacio Sánchez Mejías y que recogió o escribió Federico García Lorca hace un tiempo atrás. El Papa Juan Pablo II agoniza, y en su agonía, los periódicos y los hombres se inventan una Historia Papal. Roma entera ha caído presa de los periódicos de fiebre amarilla. Desde esta distancia aparente y a millares de millas de las ventanas del Santo Padre Juan Pablo II puedo escuchar su respiración entre cortada y cómo los demás sacerdotes lo asisten en su dolor. El Papa lucha, el delirio del dolor lo esta observando lentamente. El Papa Juan Pablo II quiere decirle a los jóvenes de toda Roma y del mundo entero tantas cosas, pero no puede. Esta primera noche, en que miles de jóvenes rezan y cantan a los pies de las ventanas del Papa en El Vaticano; el Papa quiso decirle que: “Ellos (los jóvenes) han llegado a él como él hace unos años había llegado a ellos para orarles y cambiar sus vidas; ahora ellos llegan a él para despedirlo, y él se encuentra muy alegre por todo ello”. Esto último, el Papa Juan Pablo II no me lo ha dicho, pero es como si me lo dijera, hay algo de luz detrás de está página en blanco. Es como un misterio que ronda el cuerpo, es como ese celaje que nos persigue toda la vida y no sabemos qué es, hasta que, llega a nosotros y nos ilumina ampliamente. El Papa Juan Pablo II vino a cambiar el mundo con su apostolado y créame usted, amigo, que lo hizo. Esa juventud que lloro en los Estados Unidos cuando se celebró el año internacional de la juventud, lo sabe. Esas familias de Filipinas y Japón lo saben, como lo saben los tiernos feligreses de México, Costa Rica y Puerto Rico. Los devotos argentinos de Buenos Aires, como los comunistas liberados de Rusia y como los misioneros padres de Camboya e Irlanda. Creo que el mundo le debe al Papa un: “Alabado Sea Tu Nombre Bien Grande.” El Hombre se lo ha ganado con esfuerzo y con servicio santo. El Papa Juan Pablo II está a un segundo de encontrarse con Cristo y dentro de esa fiesta de espíritus, el mundo proclama su nombre. Hoy, desde aquí, desde Suitland, Maryland cuando escribo estás líneas a raíz de un dolor que me invade profundamente, veo por la ventana como todo va tomando un color extraño, sí, ese color de Viernes Santo cuando todo el día se vuelve triste, usted no lo ha visto, pues yo sí. Todos los Viernes Santos son distintos a todos los demás días del año; póngase en vela y verá lo que le estoy diciendo. Hoy las hojas de los árboles no se mueven, digo las pocas hojas que quedan porque recién termina el invierno para empezar la primavera que parece detenida sin llegar, creo que la muy santa primavera está esperando que el Papa Juan Pablo II muere para después salir con todo su esplendor de Cristo Redentor. No sé porque Dios se lo lleva en este momento que estoy viviendo, cuando el mundo entero lo necesita tanto. Creo que el Papa tiene el derecho humano y santo de descansar también nos ha dado lo mejor de toda su vida, su compromiso con Dios y con nosotros mismos. Debo decirles que yo escribo desde mi mundanidad, no soy un ferviente cristiano, sino un simple hombre con muchos pecados inrreparables. Hoy tenemos que recordar las palabras de San Juan de la Cruz: “Buscad leyendo y hallaréis meditando.” Entonces, la pregunta obligada será: ¿Para qué el hombre ha de meditar? Será porque su naturaleza humana le obliga a esto último, será porque el conocimiento mayor que es Dios está obrando en él, lo lleva a esta autoreflexión consigo mismo. Será qué para adelantar el conocimiento, el hombre tiene que convivir con sus pensamientos que a la larga o a la corta se hacen una realidad en su existencia. Pues en los años treinta (1930) no se pensaba en llegar a la luna y en los años sesenta (1960) el hombre logró llegar a la luna. Nunca se pensó que el hombre fuera a controlar su medio ambiente tan poderosamente como lo está haciendo y jamás en la antigüedad se pensó que el hombre fuera a alterar el proceso de natalidad o proceso de nacimiento y ahora en día, el hombre ha llegado hasta la puerta de la clonación. San Juan de la Cruz, un santo español, tema doctoral del Papa Juan Pablo II, nos trae dentro de esta cita un pensamiento muy profundo que para el hombre poder dar con el misterio de su existencia tiene que leer y meditar. Los romanos, los griegos, los árabes y las antiguas civilizaciones de Egipto y Siria tenían una filosofía de vida basada en la meditación profunda y en la relajación emocional y espiritual. El hombre moderno ha perdido este escalón en su crianza, y sobre todo, ha perdido de perspectiva que su compromiso mayor está con la preservación de su especie. Con la muerte del Papa Juan Pablo II, habrá que sacar un momento de autoreflexión profunda con nosotros mismos y pensar cómo ser mejores seres humanos de lo que somos y cómo poder servir a la humanidad desde una perspectiva más humana y en pro de los demás seres humanos que nos rodean en este viaje largo o corto que todos emprendemos con la vida misma.
Imagen
Puedes escribir un titular.
Esta es la página principal. Puedes modificar este párrafo realizando diferentes operaciones con él, como por ejemplo, editarlo, moverlo, copiarlo, eliminarlo...
Imagen
Puedes escribir un titular.
Esta es la página principal. Puedes modificar este párrafo realizando diferentes operaciones con él, como por ejemplo, editarlo, moverlo, copiarlo, eliminarlo...
     
     
   
Escríbeme
Para más información
     
 

alojamiento web gratis
Otros servicios ofrecidos por HispaVista:
Inmobiliaria y Dominios
Consigue una página web gratis o un
alojamiento web profesional con Galeón